Samstag, 5. Mai 2012

[L5/2012] Werther - Johann W. Goethe



El libro es de carácter epistolar, lo que le da un punto a su favor, ya que por alguna razón, me llama la atención los libros que están escritos ya sea en formato diario o epistolar quizás porque el morbo de ver lo que allí se cuenta me mueve a adentrarme en la historia.

No me siento en condiciones de hacer cualquier tipo de juicio o emitir algún prejuicio pero ¡qué rayos!, los haré de todas formas porque a veces se me dan muy bien: Werther, el protagonista que encarna a Goethe, es un desquiciado, obsesivo, compulsivo. Su amor por Charlotte permite a todos luces observar que el (des)amor mata..mmm, en realidad, la pasión desmedida nunca lleva a nada bueno; la obsesión que se vuelve enfermiza y en este caso, mortal.

Y puedo decir que Goethe y yo nos hubiéramos llevado bien, quizás no porque nos hubieren aquejado los mismos males, sino porque pienso igual que él en varias cosas. Varias frases presentes en este libro me han llegado a lo más profundo de mi ser. Quizá esté en mi etapa perceptiva, sensible, quizá sólo esté desvariando. También estoy empezando a sospechar que tengo esa fijación por encontrar en cada libro lo que más convenga a mi situación presente. No pasa algo diferente con esta obra. Aunque bien lo tenía autorizado por uno de los párrafos que abre esta narración: Y tú, alma buena y sensible que sientes las mismas penas, obtén consuelo de su dolor, y haz de este libro tu amigo si, por el destino o por tu culpa, no encontrases otro más cercano.

A continuación reproduzco unos cuantos pensamientos* que me han gustado:

  • [...] La inmensa mayoría emplea casi todo el tiempo en trabajar para vivir y el poco tiempo libre que queda les asusta tanto, que hacen todo cuanto pueden para librarse de él. ¡Oh, destino del hombre!
  • […] Y sin embargo nuestro destino es no ser comprendidos.
  • […] También son felices las que saben dar títulos pomposos a sus frívolas ocupaciones, o tal vez a sus pasiones, y las presentan al género humano como hazañas gigantescas para su salvación y bienestar […]
  • […] Todas las cosas de este mundo vienen a parar en nimiedades, y el hombre que por voluntad de otros y complacer a los demás, contra su gusto o por su necesidad, se consume trabajando por dinero o por honor es siempre un loco.
  • […] Me bastaría saber a dónde ir… para irme sin vacilar.
  • […] ¿Acaso es preciso que lo que constituye la felicidad del hombre sea también la fuente de sus desdichas?
  • […] No hay nada en el mundo que produzca un gozo tan grande y verdadero como el hallazgo de un alma privilegiada que nos abre sus puertas y nos comprende.
  • […] ¡Tengo tanto que hacer conmigo mismo y con mi corazón turbulento! ¡Ah! Dejaría de buen grado seguir a todos su camino, si ellos quisieran también dejarme andar por el mío.
  • […] Son necios los que no se dan cuenta que el lugar no significa nada y que el que ocupa el primer puesto hace muy pocas veces el papel principal.
  • […] Sí señor, no soy otra cosa que un viajero, un peregrino del mundo. ¿Y tú eres algo más?
  • […] ¡Ah!, el hombre es tan pasajero por naturaleza, que aun allí donde cree tener la seguridad de ser apreciado en algo, aun allí donde pueda dejar una huella profunda de su existencia o de su paso en la memoria y en el alma de sus seres queridos, allí también se borra, se extingue y desaparece y… demasiado pronto.
  • […] ¿Está escrito en el destino de los hombres que sólo puedan ser felices antes de tener uso de razón o después de haberla perdido?.

Y ante todo es sorprendente la respuesta de quienes leyeron esto, porque hasta el padecimiento en su momento se dio por llamarlo fiebre de Werther. Y en aquella época en que fue escrito, allá por 1774, muchos jóvenes optaron por esta vía rápida del suicidio.

Tampoco creo que el Werther ha sido exclusivamente para mí, pero me alegro que haya topado con él en un momento en que no estoy (tan) deprimida. De otro modo creo que el final hubiera repercutido más en mí, de forma no tan positiva, bueno, tampoco al lado de suicidarme, a lo mucho hubiera llorado como bebé.

Yo digo que toda la culpa la tiene Albert… bueno, no u_u.

*Extraídos de Werther, Johann W. Goethe, Editorial Lectorum, marzo de 2006, 154 pp.