Sonntag, 9. November 2014

No estoy curada pero no me siento hundida...

No es como si ya hubiera salido de mi crisis existencial. No es como si ya estuviera curada. Más bien la dejé de lado, no la olvido, permanece junto a mí, peor que mi sombra, pero la rutina del día a día, las cosas que me ocupan ahora, no me dan tiempo ni siquiera de voltear y mirarla y no sé si ignorarla y mantenerse ocupada sea la mejor solución.

No sé, supongo que las cosas iban tan bien, estaban sucediendo tantas cosas tan padres, la realización de volverme esclava y en específico burócrata, el encuentro con los compas agricultores urbanos, un viaje a un pueblito artesanal en compañía de una grata amistad (o lo que haya sido esa convivencia), encontrarme con un tal José en el autobús, la oportunidad de conocer otros lugares, con otras personas y en otras circunstancias. La casi realización de emprender el vuelo, dejar el nido, hacer maletas, salir de casa.... Y luego intento fallido que a poco estuvo de costarme una amistad.

Pareciera que sí tuvo relevancia ese día en que al primer descuido no pasó nada pero al segundo quebré un espejo, no quisiera creer que eso es verdad y que me aguardan siete largos años de mala suerte, simplemente no podría con ellos. Pero entonces ¿qué es esto, cuando mi mudanza se cancela, cuando anoté mal su número o simplemente me lo dio de forma equívoca, cuando el otro me abandona y tengo que enterarme por alguien más, cuando el tercero (que era el primero) ya tampoco se aparece por esos lugares.

Estaba tan feliz, apenas un par de semanas atrás no creía lo bien que se habían acomodado las fuerzas del universo, las circunstancias, el ying y el yang. Todo estaba increíblemente bien y de pronto todo cambió. No entiendo.

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